Noticias de Chiapas
Hablando de Historia
Agustín Román Álvarez Bolívar
La valentía de Fray Pedro (Parte 2).
Amigo lector o lectora, Fray Pedro Lorenzo de la Nada fundador de Santo Domingo de Guzmán hoy ciudad de Palenque, fue un hombre extraordinario que amo profundamente a sus indígenas por sus cualidades creativas. Hoy pongo en tus manos la segunda parte de cuatro que hare llegar a tus manos, disfrútala y valora profundamente tu salud ¡cuídate!
La advertencia de Fray Tomás de la Torre ilustra la táctica extremadamente cuidadosa utilizada oficialmente por la orden de Santo Domingo en los años sesenta. Ese cambio de método en la evangelización se explica fácilmente, si se toma en cuenta el clima de desconfianza y de odio que la entrada de 1559 había creado. Sin embargo, Fray Tomás no es un defensor del recurso a las armas; lo condena más bien, y esa condenación puede interpretarse como reprobación táctica a la campaña armada de 1559, la cual –a diferencia de Fray Tomás Casillas– no hubiera deseado, o cuyo resultado hubiera deplorado posteriormente. De todas maneras, el celo excesivo de Fray Pedro fue reprobado por sus superiores inmediatos. Durante los años siguientes, las relaciones entre las autoridades tanto civiles como eclesiásticas y el misionero intrépido, autor de la acción solitaria y pacífica, se pusieron más y más tensas, a pesar de los éxitos pastorales del último. Por una real cedula de 4 de junio de 1569, la Audiencia recibió la orden de entregar, a petición de las autoridades dominicas, al convento de Ciudad Real a la persona de Fray Pedro que “andaba fuera de la obediencia de su orden”. Parece que estas medidas disciplinarias nunca tuvieron aplicación. El 21 de febrero de 1570, el provincial de los dominicos, Fray Tomás de Cárdenas, se quejó personalmente ante el rey de que Fray Pedro seguía viviendo fuera del control de su congregación. Ese grito de alarma originó otra real cédula a la Audiencia, por la que se reiteraba la orden de ayudar a la provincial de los dominicos a “reducir a su convento” a Fray Pedro y utilizar la fuerza, “no queriéndolo él hacer por buenos medios y palabras”. Pero esta última orden tampoco se ejecutó. Fray Pedro continuó sus andanzas solitarias por la Selva Lacandona, considerado como fugitivo e insubordinado por ambas autoridades.
Faltan datos precisos acerca de la actividad de Fray Pedro en esos años difíciles. La real cédula de 1571 afirma que el misionero andaba entonces “por los confines de Chiapas”, probablemente en la región limítrofe con Tabasco. Francisco Ximénez cita en su Historia un informe escrito en 1715 por el cura de Palenque, que relata una tradición oral todavía sorprendentemente viva un siglo después de la muerta de Fray Pedro. Entre otras cosas se dice en el informe que Fray Pedro tenía la costumbre de “ir solo a los montes a buscar las almas perdidas en sus antiguas idolatrías y que no llevaba más tren que su persona y un poco de pozol en una red, como suelen hacer los indios, y su breviario”. Gracias a ese método pacifico, Fray Pedro logró la reducción de varios pueblos en la fronteriza de Chiapas con Tabasco, entre ellos el pueblo de Palenque y los pueblos de los Ríos, el primero en Chiapas y los demás en Tabasco. Palenque parece haber sido el centro operacional del incansable evangelizador. Según el mismo informe de 1715, su memoria estaba todavía muy viva en ese pueblo a principios del siglo XVIII. Los palencanos lo veneraban como fundador de su pueblo, que hizo dos veces el viaje a España para arreglar jurídicamente la fundación y agregación a la Capitanía General de Guatemala, y que doto además la nueva población “muy grandes partidas de ganado con sus estancias formadas”. Lo tenían por santo y guardaban celosamente en el cabildo un escrito de su mano, redactado en cuatro lenguas, sobre el buen gobierno de la comunidad.
La actividad de misionera de Fray Pedro en Chiapas no se limitó a la reducción de los pochutlas y palencanos. Según Francisco Ximénez y Agustín Cano, el gran misionero fue también responsable de la fundación de los pueblos coloniales de Túmbala y de Tila, igual que Palenque de habla chol, y del pueblo tzeltal de Bachajón. Gracias a un documento conservado en el Archivo Eclesiástico de San Cristóbal de Las Casas, sabemos que fundó asimismo el pueblo tzeltal de Yajalón. Se realizó por los años sesenta, bajo el impulso y la supervisión de Fray Pedro, un movimiento de concentración de varias tribus choles y tzeltales desde la selva hacia sus orillas. De esta manera, toda la zona situada entre la provincia de los Zendales y el rio Usumacinta, quedó prácticamente despoblada, con excepción de los lacandones que continuaron ocupando la laguna de lacandón y el territorio alrededor de ella en la parte meridional de la selva. Sabemos, por una declaración de los mismos lacandones en 1586, que Fray Pedro emprendió dos veces el viaje de Palenque a Lacam-Tun, a fin de llamarlos a la paz. Pero los lacandones rehusaron seguir el ejemplo de los pochutlas. Prefirieron una vida libre aunque más precaria en la selva a una vida segura pero subordinada a un dios desconocido y un rey extranjero. Fray pedro regreso a palenque no sin haber invitado por lo menos a los irreductibles para que vinieran en son de paz a protegerse “todos juntos derecho a donde él estaba”, en el caso de una nueva entrada armada de los españoles en su territorio. Fin de 2 de 4.