Columnas de Opinión

El jaguar: el símbolo de poder que protegía a los reyes mayas

Rubén Vera

Detrás del trono, en los tocados y hasta en la sombra del gobernante, el jaguar representaba fuerza, autoridad y poder en la antigua civilización maya.

En la época clásica maya, entre los años 300 y 800 d.C., el jaguar no era solamente uno de los animales más representativos de la selva: también se convirtió en un poderoso símbolo de la autoridad de los gobernantes.

En Tikal, una de las grandes ciudades del mundo maya, los fundadores de la dinastía gobernante adoptaron elementos relacionados con el Sol-Jaguar, asociado con Ajaw K’inich Bahlam, como parte de la representación del poder real.

La fuerza, astucia, cautela, orgullo y nobleza atribuidos al felino hicieron del jaguar una figura vinculada con la familia gobernante, una tradición simbólica que también tenía antecedentes en la realeza olmeca.

La presencia del jaguar podía encontrarse prácticamente en todo aquello que rodeaba al soberano: tocados, máscaras, pectorales, barras ceremoniales, vestidos, cinturones y distintos adornos.

Pero quizá una de sus representaciones más impactantes estaba en el propio trono.

El gobernante podía aparecer sentado sobre un trono con forma de jaguar o sobre un asiento cubierto con la piel del felino. En otras representaciones, un gigantesco jaguar aparece detrás del soberano, proyectándose como una figura protectora.

Una de las imágenes más representativas se encuentra en el Dintel 3 del Templo I de Tikal, donde el jaguar adquiere una dimensión que va más allá de lo ornamental: se convierte en una poderosa imagen asociada con la autoridad y protección del gobernante.

Así, para los antiguos mayas, el jaguar no solo dominaba la selva.

También ocupaba un lugar detrás del trono.

Fuente: Enrique Florescano, doctor en Antropología, Memoria mexicana, Fondo de Cultura Económica, México, 1994.

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