Noticias de Chiapas
Hablando de historia
Agustín Román Álvarez Bolívar
PUEBLO EN VILO: SAC-BAHLÁN DEL LACANDON ANTES DE DESTRUCCION POR LOS ESPAÑOLES
Las milperías lacandonas
Los lacandones vivían un tipo de vida de que podríamos calificar de semi-sedentario. A pesar de tener su casa propia y su domicilio fijo en uno de los tres centros, se ausentaban cada año durante un tiempo relativamente larga para cultivar sus milpas. Se trata de campos de cultivo esparcidos en la selva en sitios de mayor fertilidad de cultivo esparcidos en la selva en sitios de mayor fertilidad y algo retirados del núcleo habitacional. Pensemos, por fertilidad y algo retirados del núcleo habitacional. Pensemos, por ejemplo, en las milpas alrededor de la laguna, que eran propiedad del capul del Cabnal. Otros sitios privilegiados eran probablemente los terrenos aluviales, situados en las cañadas formadas por los innumerables ríos y arroyos. Estas milpas más retiradas constituían alrededor de Sac-Bahlán pertenecían probablemente a las familias principales y económicamente mejor situadas de la comunidad. También existe la posibilidad de que muchas familias hayan poseído alguna huerta o milpa en la sabana y otros terrenos en la selva. Estos últimos tenían, generalmente por su lejanía, ranchos construidos en el sitio, donde varias familias lacandonas solían agruparse y vivir el mismo modelo de vida que estaba en vigor en el pueblo. Estas rancherías cambiaban de lugar a medida que el suelo agotado necesitaba descansar y se iba en búsqueda de españoles dieron el nombre de “milperías”, probablemente por ser estas al mismo tiempo campos de cultivo y asientos humanos provisionales.
Las casas de las milperías eran, según Diego de Rivas, “aunque más pequeñas, tan buenas como las del pueblo, y en ellas tienen sus trojes para el maíz embarradas”. Esta información la completa Nicolás de Valenzuela cuando describe las milperías que las tropas de Ocosingo pasaron al acercarse a Sac-Bahlán, en abril de 1695:
“. . .llegaron noticias de hallazgos de muchas milperías que había en aquel contorno, trayendo los indios exploradores en el distrito ollas, cántaros, sartenes, chile, maíz, frijoles y barrilitos fabricados de cáscara de palo, envueltos en hojas de bijao asegurados con bejuco, y en ellos polvo muy negro y muy sutil, que se discurrió ser el que los indios gastaban para tiznarse, y otras cosas y trastes de servicio que tenían guardados en las casillas o ranchos de dichas milperías. . .”
Los ranchos estaban pues, equipados para permitir a sus dueños una ocupación de varios meses al año. Nicolás de Valenzuela dice en otro lugar que la familia lacandona solía vivir en su milpería durante todo el tiempo de la maduración de los frutos, tanto para cuidarlos contra pájaros y otros animales como para recolectarlos y almacenarlos en las casa. Al contrario la roza, la siembre y la limpieza de las milpas eran el trabajo exclusivo de los hombres que para recolectarlos y almacenarlos en las casas. Al contrario la roza, la siembra y la limpieza de las milpas eran el trabajo exclusivo de los hombres, que para eso solían salir temprano del pueblo, provistos de tortillas o tamales para el día, y regresar a sus casas en la noche.
No cabe duda, pues, que los lacandones eran ante todo campesinos y –hay que reconocerlo—campesinos muy calificados. Dedicaban lo mejor de su tiempo y de sus esfuerzos a la producción agrícola. Los españoles nos han dejado varios testimonios de la gran variedad de productos que se cultivan en las milpas y huertas de Sac-Bahlán. Acerca de las huertas, dice Diego de Rivas:
“Hay en el mismo pueblo árboles frutales de plátanos, zapotes, jocotes, anonas de tierra caliente, guanábanas, jícaras redondas, algunos árboles de achiote, piñas muy dulces. . .”
En cuanto a las milpas, los lacandones no cultivaban en ellas sólo los productos básicos, como el maíz, el chile y el frijol, sino las tenían transformadas en verdaderas huertas, donde abundaban todas las frutas tropicales. Dice el mismo autor:
“De todo esto (de las frutas encontradas en las huertas) tienen también en sus milpas, y en ellas mucho camote, ayote, chayote, yuca, frijoles y cañas dulces, y en algunas partes limones. . .”
Nicolás de Valenzuela hace observaciones idénticas a las de Diego de Rivas, pero añade algunos detalles respecto a la técnica de cultivo, el tamaño de las milpas y fertilidad del suelo:
“Por ser como es tierra muy húmeda y espaciosa, tienen dos cosechas y mudan sitios para las cementeras, siendo aun con ser de tierra muy caliente más trabajadores que nuestros indios pacificados, por ser sus milpas por la mayor parte muy grandes y porque las rozas de ellas son mucho más trabajosas por cortar los maderos grandes y pequeños con hachuelas de piedra color verde obscuro primorosamente labradas. . .”.