sábado 14 de marzo de 2026 - Edición Nº514

Mundo | 17 jul 2025

ESTILOS

La prodigiosa memoria de las ardillas

Estos pequeños roedores no esconden comida al azar, clasifican sus frutos secos, crean mapas mentales y recuerdan dónde los enterraron


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Por: AGENCIA / SHD

Quizá alguna vez te hayas preguntado si a las ardillas les da buen resultado utilizar el bosque o el parque como despensa. Pero ¿cómo encuentran luego sus tesoros escondidos? Cada otoño, las ardillas se concentran en la tarea de enterrar los frutos secos que recolectan. Es su forma de prepararse para pasar el invierno, ¡sin que les pille con la despensa vacía!

Estas pequeñas arquitectas del bosque dedican buena parte del otoño a esconder frutos secos en diferentes puntos del terreno. Y lo más sorprendente es que, semanas o incluso meses después, son capaces de volver a buscarlos casi sin fallos.

Lejos de hacerlo al azar, estos roedores siguen complejas estrategias de organización, clasificación y memoria espacial que les permiten recuperar hasta el 95 % de sus reservas. La ciencia lo ha confirmado: tienen un auténtico sistema de almacenamiento… en la cabeza.

Lo que han descubierto no solo demuestra que las ardillas son mucho más inteligentes de lo que imaginamos, sino que también nos recuerda que la naturaleza guarda soluciones brillantes incluso en los rincones más cotidianos.

Primero, revisemos la forma en que estos esciúridos entierran la comida. Los animales que realizan esto para sobrevivir al invierno no lo hacen al azar. Suelen emplear una de estas dos estrategias: o bien colocan todos sus víveres en un mismo sitio, o bien los reparten por distintas localizaciones.

La mayoría de las especies de ardillas hacen lo segundo, de ahí que sea típico verlas corriendo entre sus diferentes montones de comida enterrada.

Aunque su memoria espacial es excepcional, las ardillas también cometen errores. A veces, olvidan parte de sus reservas, sobre todo si han enterrado muchas en poco tiempo o si su entorno cambia —por ejemplo, si llueve intensamente.

Estas pérdidas no solo son parte del riesgo natural, sino que también tienen un efecto positivo en el ecosistema: los frutos secos que no recuperan pueden germinar y dar lugar a nuevos árboles. De hecho, las ardillas actúan como sembradoras involuntarias en muchos bosques templados.

Los investigadores estiman que entre un 5  % y un 10  % de los alimentos almacenados no son recuperados, lo que convierte a estos roedores en agentes clave para la regeneración forestal.

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