Por: Agencia / YST
En el oriente de la Ciudad de México, dentro de la alcaldía Iztapalapa, se levanta una de las formaciones naturales más emblemáticas de la región: el Volcán Xaltepec. Muy cerca del Cerro de la Estrella y como parte de la Sierra de Santa Catarina, este cerro de origen volcánico ha sido testigo silencioso del paso del tiempo y de la expansión urbana.
Aunque en la actualidad se encuentra extinguido, el Xaltepec fue en su momento un volcán activo. Sus erupciones dieron origen a flujos de lava y a formaciones basálticas que aún pueden observarse en algunas zonas, huellas geológicas de su pasado ardiente. Con el paso de los siglos, el fuego se apagó y el cerro se transformó en un espacio natural rodeado de barrios tradicionales y colonias que hoy lo reconocen como parte de su identidad.
Además de su relevancia geológica, el Xaltepec tiene un profundo valor cultural. Sus faldas han sido habitadas por generaciones que mantienen vivas las tradiciones locales, mientras que su cima funciona como un mirador natural desde donde se aprecia una vista privilegiada del Valle de México. Para muchos habitantes, es un punto de encuentro con la naturaleza y un símbolo de pertenencia comunitaria.
El nombre Xaltepec proviene del náhuatl xalli (arena), tepetl (cerro) y el sufijo -c (en o lugar de), lo que significa “en el cerro de arena” o “lugar arenoso”. Una denominación que recuerda el estrecho vínculo de la cultura mexica con la tierra y el paisaje volcánico que caracteriza al oriente capitalino.
Hoy, el Volcán Xaltepec se mantiene como un pulmón verde entre el concreto de la metrópoli, un sitio de valor natural y cultural que invita a reflexionar sobre la memoria de los volcanes que dieron forma al territorio de la gran Ciudad de México.