Por: AGENCIA / SHD
Las Dunas de Yeso de Coahuila, ubicadas en el Desierto de Cuatro Ciénegas, conforman uno de los paisajes más singulares de México. Sus extensos campos de arena blanca crean un escenario sorprendente que parece sacado de otro planeta, atrayendo la atención de visitantes, científicos y amantes de la naturaleza.
A diferencia de otros desiertos, la arena de estas dunas no está compuesta por sílice, sino por cristales de sulfato de calcio, conocido como yeso. Esta característica las hace únicas en el país y les da su distintivo color blanco que resplandece bajo el sol.
Este sistema natural se formó hace miles de años por la evaporación de antiguos mares interiores. Con el paso del tiempo, los minerales se concentraron y dieron origen a este mar de dunas, hoy considerado parte de un ecosistema frágil y protegido.
El clima extremo es otra de sus particularidades. Durante el día, las temperaturas pueden ser muy elevadas, mientras que por la noche descienden de manera drástica, creando condiciones desafiantes para la vida, pero también favoreciendo adaptaciones únicas.
A pocos kilómetros de las dunas, el paisaje cambia de forma radical con la presencia de pozas de agua azul turquesa y oasis que contrastan de manera espectacular con el blanco del desierto, reforzando el carácter extraordinario de la región.
Este entorno alberga microorganismos milenarios que han sido objeto de estudio por científicos de todo el mundo, ya que ofrecen pistas sobre el origen de la vida en la Tierra y posibles formas de vida en otros planetas.
Caminar sobre las Dunas de Yeso produce una sensación similar a pisar nieve en pleno desierto, una experiencia inolvidable que refuerza la importancia de su conservación, para mantener el delicado equilibrio entre el desierto y los cuerpos de agua que lo rodean.