Por: AGENCIA / SHD
Dormir mal se ha convertido en una constante para una parte importante de la población. Jornadas prolongadas, uso excesivo de dispositivos electrónicos y la falta de límites claros entre el trabajo y el descanso han modificado los hábitos nocturnos.
Especialistas en medicina del sueño advierten que el problema no siempre es la falta de cansancio físico, sino la ausencia de señales claras que indiquen al cuerpo que el día ha terminado. En este contexto, los rituales nocturnos han cobrado relevancia como una herramienta accesible para mejorar la calidad del descanso.
Diversos estudios coinciden en que el cerebro necesita transiciones graduales para pasar de un estado de alerta a uno de reposo. Cuando esta transición no ocurre, el organismo permanece activado incluso durante la noche.
El resultado suele ser dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes y sensación de cansancio al despertar. Establecer un ritual nocturno ayuda a marcar ese cierre necesario.
Un ritual nocturno no implica una rutina rígida ni el uso de múltiples productos. Se trata de una secuencia sencilla, repetible y consciente que permita al cuerpo reconocer que la jornada concluyó. La constancia es más relevante que la duración, ya que la repetición fortalece la asociación entre ciertas acciones y el descanso.
El cuerpo humano responde a patrones previsibles. Cuando las actividades nocturnas replican la intensidad del día, el sistema nervioso no recibe la señal de pausa. Especialistas señalan que la falta de un cierre claro mantiene elevados los niveles de activación, lo que dificulta el sueño.
La exposición a pantallas antes de dormir es uno de los principales factores que alteran este proceso. Investigaciones publicadas en Sleep Medicine Reviews señalan que la luz azul inhibe la producción de melatonina, hormona esencial para regular el ciclo sueño-vigilia. Esta alteración retrasa el momento en que el cuerpo se siente preparado para descansar.
Reducir estímulos no significa eliminar actividades de forma abrupta, sino modificar el entorno progresivamente. Atenuar la luz y disminuir el ruido contribuye a generar un ambiente que favorece la relajación.
El ritual nocturno funciona como un mensaje biológico. Al repetirse cada noche, el organismo aprende a asociar esas acciones con el descanso, facilitando la transición hacia el sueño.