Por: AGENCIA / SHD
Indignados, temerosos y con calles semivacías, los guatemaltecos vivieron el lunes el primer día de un estado de sitio decretado por el gobierno tras el asesinato de nueve policías a manos de pandilleros, contra quienes ahora exigen el máximo castigo.
El miedo se disparó entre los habitantes de la capital y sus localidades vecinas, donde el domingo se registraron varios ataques contra instalaciones policiales y patrullas, en represalia por la retoma de tres cárceles en las que jefes pandilleros mantenían como rehenes a 46 personas.
Las autoridades afirman que los ataques contra la policía y los motines en tres prisiones buscaron presionar el traslado de Aldo Dupie, alias El Lobo, un líder de la temida pandilla Barrio 18, a una cárcel de menor seguridad.
En medio de escenas desgarradoras, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, encabezó el lunes el funeral de siete de los policías asesinados, realizado en la sede del Ministerio de Gobernación.