jueves 29 de enero de 2026 - Edición Nº470

Mundo | 28 ene 2026

ESTILOS

Las medusas también duermen

Un nuevo estudio en medusas y anémonas revela que el sueño podría haberse originado hace mil millones de años para reparar el ADN neuronal


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Por: AGENCIA / SHD

Dormir no es exclusivo de los animales con cerebro. Un nuevo estudio ha descubierto que dos criaturas marinas muy primitivas —la medusa Cassiopea andromeda y la anémona de mar Nematostella vectensis— presentan comportamientos que cumplen con los criterios científicos para considerar que duermen. Este hallazgo sugiere que el sueño no es un lujo biológico de los organismos complejos, sino una necesidad ancestral que podría haberse originado hace más de mil millones de años.

El trabajo, publicado en Nature Communications por un equipo de investigadores de la Universidad Bar-Ilan en Israel, no solo demuestra que estos cnidarios duermen, sino que también explora por qué el sueño podría haber evolucionado incluso en organismos sin cerebro. Los experimentos revelan que el descanso tiene una función clave en la protección celular frente al daño genético, lo que podría haber sido una fuerza evolutiva crucial en el origen del sueño.

Las medusas de la especie Cassiopea andromeda y las anémonas Nematostella vectensis carecen de un cerebro como el que poseen los animales vertebrados. En su lugar, poseen redes nerviosas simples distribuidas a lo largo de sus cuerpos, conocidas como redes nerviosas difusas. Sin embargo, eso no les impide mostrar comportamientos que los científicos reconocen como sueño: periodos prolongados de inactividad, aumento del umbral de respuesta ante estímulos y una necesidad de recuperar ese descanso cuando se interrumpe.

Para identificar estos patrones, el equipo utilizó cámaras infrarrojas y estimulación lumínica controlada. En el caso de Cassiopea, se observó que reduce su ritmo de pulsaciones durante la noche y muestra una “siesta” breve a mitad del día. En cuanto a Nematostella, el descanso se concentra principalmente durante las horas diurnas, en línea con su patrón de actividad nocturna. A pesar de sus cronotipos opuestos, ambas especies dedican cerca de un tercio del día a dormir, una proporción similar a la humana.

En especies sin cerebro, el sueño no puede medirse con electroencefalogramas. Por eso, los investigadores se basaron en criterios conductuales. En Cassiopea, definieron el sueño como cualquier periodo de al menos 3 minutos en los que la medusa pulsa su campana menos de 37 veces por minuto. Este umbral se estableció tras comprobar que, en esas condiciones, la medusa tardaba más en reaccionar a estímulos luminosos, lo que indica una menor capacidad de respuesta, característica típica del sueño.

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