Por: CARLOS RAFAEL COUTIÑO CAMACHO
¿Qué es el amor?, ¿Por qué celebramos este día un 14 de febrero?, ¿Qué entendemos por amor? Erróneamente se piensa que es sexo, alcohol, y pasa de algo real y hermoso, a lo más majadero.
El amor, desde una mirada cristiana, no es solamente un sentimiento que nace del impulso humano, sino una fuerza, es promesa, es misión y es entrega. El amor no se guarda, se comparte; no se impone, se ofrece. Su centro no es el yo, sino el otro, especialmente el más frágil, el olvidado, el que carga dolor.
Amar, en este sentido, significa encarnar la esperanza. Significa creer que Dios, puede habitar incluso en la noche más larga. El amor no huye del sufrimiento, lo acompaña; no niega la herida, la toca con compasión. Es un amor que camina, que se ensucia los pies, que mira de frente la injusticia y responde con misericordia activa.
Desde esta visión, el amor no es pasivo ni ingenuo. Es una decisión profunda de servir, de cargar con el peso del mundo sin perder la ternura. Es la palabra que consuela, pero también el gesto que libera. Es el perdón que rompe cadenas y la verdad que incomoda, pero sana. Amar así implica cruzar, esperar y resucitar una y otra vez en la vida cotidiana.
El amor proclama que toda vida tiene valor y que cada historia puede ser redimida. No busca aplausos ni recompensas; su sentido está en dar vida, en restaurar vínculos, en reconciliar lo humano con lo divino. En el fondo, el amor es una llamada. Invita a vivir para los demás, a convertir el dolor en servicio y la fe en acción. Amar es, entonces, participar en una obra mayor: sembrar justicia, sostener la esperanza y recordar, con cada acto, que el amor es el camino.