Por: AGENCIA / SHD
Encontrar una bolita debajo de la piel suele generar preocupación inmediata, especialmente cuando no causa dolor pero permanece con el paso del tiempo. Sin embargo, en muchos casos este tipo de bultos corresponde a un lipoma, una lesión benigna bastante común en la población adulta.
Un lipoma es un crecimiento anormal de tejido graso que se forma justo debajo de la piel, generalmente entre la capa superficial y el músculo. Aunque el término “tumor” suele asociarse con enfermedades graves, en medicina se utiliza para describir cualquier crecimiento de tejido, sin que ello implique necesariamente cáncer.
Este tipo de lesiones se caracteriza por ser suave al tacto, de consistencia blanda o pastosa, y móvil, es decir, puede desplazarse ligeramente al presionarlo con los dedos. Además, su crecimiento suele ser lento, por lo que muchas personas no lo detectan de inmediato.
En la mayoría de los casos, los lipomas no generan dolor ni molestias, a menos que compriman algún nervio o se localicen en una zona sensible del cuerpo. Por esta razón, suelen descubrirse de manera casual durante una revisión médica o al notar un cambio en la piel.
Los lipomas pueden aparecer prácticamente en cualquier parte del cuerpo, aunque son más frecuentes en áreas con mayor cantidad de tejido graso, como el cuello, hombros, espalda, abdomen, brazos y muslos. Su tamaño habitual va de los dos a los cinco centímetros, aunque en ocasiones pueden crecer más.
Especialistas en salud señalan que los lipomas no son cancerosos y que es extremadamente raro que se transformen en una lesión maligna. La principal importancia de identificarlos radica en diferenciarlos de otros tipos de bultos que sí podrían requerir atención especializada.
Diversos estudios indican que existe una relación genética en su aparición. Las personas con antecedentes familiares de lipomas tienen mayor probabilidad de desarrollarlos a lo largo de su vida, lo que sugiere una predisposición hereditaria.
Ante la presencia de cualquier bulto persistente bajo la piel, los especialistas recomiendan acudir a valoración médica para confirmar el diagnóstico. Aunque la mayoría de los lipomas no requiere tratamiento, una evaluación oportuna brinda certeza al paciente y descarta otras posibles afecciones.