Por: AGENCIA / SHD
La salud renal depende en gran medida de la cantidad de agua que se consume a diario. Mantener una hidratación adecuada es fundamental para que los riñones funcionen correctamente, ayudando a prevenir infecciones urinarias, mal olor y orina turbia.
La cantidad sugerida oscila entre 1,5 y 2 litros de agua cada día, equivalente a unos 6 a 8 vasos, aunque en algunos casos puede ser necesario aumentar esta cantidad.
Los riñones tienen la función de filtrar desechos, toxinas y sodio del organismo. Para cumplir con este proceso, requieren de una cantidad suficiente de líquidos. El consumo diario recomendado de agua para adultos varía entre 2 y 3 litros, incluyendo todas las fuentes de hidratación.
Esta cantidad contribuye a mantener el equilibrio de los fluidos corporales y favorece la eliminación eficiente de sustancias que podrían resultar dañinas si se acumulan.
La ingesta adecuada de agua también ayuda a “lavar” la vejiga, incrementando la frecuencia de la micción y dificultando la proliferación de bacterias que pueden causar infecciones urinarias.
Las infecciones del tracto urinario (ITU) son frecuentes y pueden afectar a personas de todas las edades. Uno de los métodos más eficaces para reducir el riesgo es mantener una hidratación constante. Beber suficiente agua promueve la eliminación regular de orina, lo que dificulta que las bacterias permanezcan en la vejiga y desencadenen una infección.
En casos de infecciones urinarias recurrentes, algunos especialistas recomiendan incrementar la ingesta de líquidos. En situaciones donde ya existe una infección, la recomendación puede llegar a 2 a 4 litros diarios, siempre bajo supervisión médica.
Indicadores de hidratación: color y olor de la orina
La orina es un indicador directo del estado de hidratación. Cuando el cuerpo recibe suficiente agua, la orina adquiere un tono amarillo claro y carece de olor fuerte. Por el contrario, la orina oscura, turbia o con mal olor sugiere deshidratación o presencia de bacterias.
Una hidratación adecuada contribuye a que la orina se mantenga clara y sin olores intensos, lo que, a su vez, reduce el riesgo de infecciones y el malestar asociado.
Algunas recomendaciones clave incluyen:
• No retener la orina, ya que esto favorece la proliferación de bacterias en el tracto urinario.
• Aumentar la ingesta de líquidos en climas cálidos o tras realizar ejercicio intenso, con el fin de evitar la concentración de la orina.