martes 21 de abril de 2026 - Edición Nº552

Mundo | 18 mar 2026

ESTILOS

Crean el QR más pequeño del mundo

Un equipo científico logra fabricar un código QR de 1,98 micrómetros cuadrados grabado en cerámica, una tecnología que podría revolucionar el almacenamiento de datos


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Por: AGENCIA / SHD

Un equipo de investigadores ha logrado fabricar el código QR más pequeño del mundo, tan diminuto que resulta completamente invisible para el ojo humano y solo puede leerse con un microscopio electrónico. La estructura ocupa apenas 1,98 micrómetros cuadrados, un tamaño inferior al de muchas bacterias. A pesar de su escala extrema, el código no es una simple curiosidad técnica: puede escanearse y leerse de forma fiable.

Más allá del récord mundial, el avance tiene implicaciones mucho más profundas. El trabajo demuestra que es posible almacenar información en materiales cerámicos estables, con una durabilidad potencial de siglos o incluso milenios, sin necesidad de electricidad para conservar los datos. En una era en la que los centros de datos consumen enormes cantidades de energía y los soportes digitales se degradan con rapidez, este desarrollo apunta hacia una nueva forma de pensar el almacenamiento de información.

El código desarrollado cubre un área de 1,98 micrómetros cuadrados, una superficie microscópica que lo convierte en el más pequeño jamás creado. Para hacerse una idea de la escala, su tamaño es menor que el de muchas bacterias comunes. No puede verse con microscopios ópticos convencionales, ya que sus detalles están por debajo del límite que permite distinguir la luz visible.

Cada uno de sus píxeles mide 49 nanómetros, aproximadamente diez veces menos que la longitud de onda de la luz visible. Esto significa que, desde el punto de vista físico, el ojo humano —e incluso instrumentos ópticos estándar— no pueden resolver sus patrones. Solo un microscopio electrónico, capaz de trabajar con resoluciones mucho más finas, permite observar y leer la estructura.

El logro fue verificado oficialmente como récord mundial, tras demostrarse públicamente que el código podía ser leído correctamente bajo observación controlada. Sin embargo, el tamaño por sí solo no era el principal desafío técnico. Reducir una estructura hasta esta escala es posible con tecnologías actuales; lo verdaderamente complejo es conseguir que siga siendo estable y legible con el paso del tiempo.

El elemento clave fue la elección del material. En lugar de utilizar soportes convencionales, se optó por películas delgadas de material cerámico, conocidas por su resistencia en condiciones extremas. Estas cerámicas se emplean habitualmente para recubrir herramientas de alto rendimiento, donde deben soportar temperaturas elevadas y desgaste intenso. Esa misma estabilidad las convierte en candidatas ideales para preservar información durante largos periodos.

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