Por: AGENCIA / SHD
El viento levanta finas capas de polvo sobre la llanura aluvial del sur de Irak. Bajo esa superficie aparentemente uniforme, donde el paisaje parece haber permanecido inmóvil durante siglos, se esconden las huellas de una de las empresas más ambiciosas de la Antigüedad: la fundación de ciudades por parte de Alejandro Magno. Durante generaciones, historiadores y arqueólogos han intentado ubicar una de las más enigmáticas: Alejandría del Tigris.
La búsqueda de esta ciudad se ha convertido en un auténtico rompecabezas histórico. Aunque las fuentes clásicas la mencionan, el cambio de los cauces fluviales, las acumulaciones de sedimentos y las transformaciones del paisaje mesopotámico parecían haberla borrado del mapa. Incluso llegó a cuestionarse su existencia real. Alejandría del Tigris se situó así en un punto intermedio entre la historia documentada y la leyenda.
Sin embargo, en la última década un equipo de arqueólogos ha logrado lo que parecía improbable: identificar en Jebel Khayyaber el emplazamiento de esta mítica ciudad helenística, a través de nuevas evidencias que reconfiguran lo que sabemos sobre el alcance urbano del imperio de Alejandro. Este hallazgo, además de resolver un antiguo enigma, abre nuevas perspectivas sobre la colonización griega en Mesopotamia.
Alejandría del Tigris ha sido durante siglos una ciudad esquiva. Fundada, según las fuentes antiguas, tras las campañas de Alejandro en Mesopotamia, habría servido tanto para consolidar el control sobre una región clave como para servir de núcleo de administración y comercio.
No obstante, su localización exacta había sido motivo de especulación. Las descripciones antiguas, a menudo imprecisas o contradictorias, dificultaban su identificación. Uno de los problemas principales procedía de la transformación radical del paisaje mesopotámico a lo largo de más de dos milenios. Este contexto convirtió la búsqueda de Alejandría del Tigris en una tarea compleja que exigía que la arqueología tradicional se complementara con nuevas metodologías.
Uno de los elementos clave ha sido el uso de imágenes satelitales y el análisis del terreno. Gracias a estas herramientas, los investigadores pudieron identificar anomalías en el paisaje que sugerían la presencia de estructuras urbanas enterradas. Gracias a estas evidencias, se identificaron patrones coherentes con una planificación urbana helenística, caracterizada por trazados regulares y una organización ortogonal.