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Mundo | 25 mar 2026

ESTILOS

La IA detecta mejor las imágenes deepfake

Un estudio revela que la inteligencia artificial detecta mejor las imágenes falsas, pero tropieza cuando estas cobran vida


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Por: AGENCIA / SHD

En la era de los píxeles maleables y los rostros sintéticos, la frontera entre lo real y lo fabricado se difumina con inquietante facilidad. Las llamadas deepfakes (imágenes y vídeos generados mediante inteligencia artificial que imitan con asombrosa precisión a personas reales) ya no son una curiosidad tecnológica, sino una herramienta con potencial para alterar percepciones, reputaciones y decisiones públicas. En este paisaje movedizo, la pregunta no es trivial: ¿quién distingue mejor la verdad del artificio, el ser humano o la máquina?

Un equipo interdisciplinar de la University of Florida ha puesto a prueba esta cuestión con resultados tan reveladores como paradójicos. Según el estudio publicado en Cognitive Research: Principles and Implications, los algoritmos superan ampliamente a las personas al detectar rostros falsos en fotografías estáticas, pero cuando esos mismos rostros empiezan a hablar y gesticular en vídeo, la ventaja cambia de bando. De pronto, el ojo humano recupera terreno.

En el terreno de la imagen fija, la inteligencia artificial mostró una eficacia abrumadora. Los programas de detección alcanzaron niveles de acierto de hasta el 97% al identificar fotografías de rostros generados artificialmente. Frente a ese rendimiento casi quirúrgico, los participantes humanos no lograron distinguir entre lo auténtico y lo falso mejor que el azar.

El diseño del estudio fue meticuloso. Los investigadores recopilaron y generaron cientos de imágenes y vídeos, algunos reales y otros creados mediante técnicas de deepfake. Miles de participantes evaluaron la autenticidad de ese material, mientras los mismos archivos eran sometidos a algoritmos especializados en detectar manipulaciones. El contraste fue contundente: en imágenes estáticas, la máquina parecía disponer de una lupa invisible capaz de detectar imperfecciones que escapan a la intuición humana.

Esta superioridad técnica sugiere que, al menos en el ámbito de la fotografía, las herramientas automatizadas pueden convertirse en aliadas clave para combatir la desinformación visual. La capacidad de los algoritmos para analizar patrones microscópicos —sombras incoherentes, simetrías improbables, artefactos digitales— supera con creces nuestra percepción consciente.

Sin embargo, este dominio se reveló frágil cuando la escena dejó de estar congelada.

El verdadero giro del estudio apareció en el análisis de los vídeos. Allí donde la imagen se anima y el rostro articula palabras, los algoritmos descendieron a niveles de acierto equivalentes al azar.

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