martes 21 de abril de 2026 - Edición Nº552

Mundo | 27 mar 2026

ARTE Y CULTURA

Ajedrez medieval desafió racismo

Estudio de manuscritos del siglo XIII revela que este juego promovía igualdad racial en plena Edad Media


Por: AGENCIA / SHD

La historiadora Krisztina Ilko ha puesto sobre la mesa una idea tan provocadora como reveladora: el ajedrez medieval no solo era un entretenimiento aristocrático, sino también un espacio simbólico donde personas de distintos orígenes podían enfrentarse en igualdad de condiciones. Tal y como reveló un estudio, este juego actuó como una especie de laboratorio cultural donde las jerarquías sociales podían ponerse en cuestión, al menos durante el tiempo que duraba la partida.

Lejos de las representaciones habituales de la época —en las que las personas no blancas aparecían como esclavos, enemigos o figuras exóticas—, el ajedrez ofrecía una narrativa alternativa. En ese tablero cuadriculado, lo importante no era el color de la piel, sino la capacidad estratégica, la inteligencia y la anticipación.

Para entender el alcance de esta idea, hay que situarse en el contexto medieval. El ajedrez no era simplemente un juego, era una metáfora del orden del mundo. Tal y como indica Ilko en su investigación, el tablero podía interpretarse como una representación del universo conocido, mientras que las piezas simbolizaban a los diferentes grupos humanos que lo habitaban.

Esta concepción no surgió en Europa, sino que tiene raíces más profundas. El ajedrez procede del chaturanga indio, un juego que reflejaba las cuatro divisiones del ejército: infantería, caballería, elefantes y carros. Con el paso del tiempo, este modelo viajó a Persia —donde se convirtió en chatrang— y posteriormente al mundo islámico como shatranj. Desde allí, llegó a Europa, transformándose en el ajedrez que hoy conocemos.

En ese proceso de difusión, cada cultura reinterpretó el juego a su manera. Las piezas adquirieron rasgos humanos, vestimentas y características propias de cada región. Pero, sobre todo, el uso de colores contrastados —blanco y negro— permitió proyectar sobre el tablero ideas relacionadas con la diferencia, incluida la percepción del color de la piel.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante es que, aunque el juego reflejaba esas diferencias, también ofrecía un espacio donde podían ser cuestionadas.

El estudio plantea, en definitiva, una doble lectura del ajedrez medieval. Por un lado, el juego reflejaba las ideas de su tiempo: diferencias culturales, identidades diversas y concepciones del mundo jerárquicas. Por otro, ofrecía una alternativa, un espacio simbólico donde esas diferencias podían reconfigurarse.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias