Seguridad
¿Qué importa el sol?
¡Vale más la libertad!
Poco o nada importaba el inclemente sol que caía sobre la región. Las bardas del CERESO convertidas en fortaleza, se han transformado desde hace 20 días en el martirio de Mario Carlos Mijangos, quien al menos una vez a la semana acude a visitar a su hijo de crianza Miguel Ángel Parcero Pérez.
Con sus casi 50 años a cuestas, don Mario baja de una unidad motriz con un morral lleno de comida, tiene la certeza que el joven que vio crecer, aquel al que cuidó como si fuera su hijo, no es ningún delincuente. Se resigna a sufrir la exhaustiva revisión a las puertas del penal, esa revisión en la que se pierde todo, incluso la moralidad.
Adentro, cruzando la puerta que separa de la libertad, el calor es mayor, es más agobiante; eso poco importa a quien, feliz por ver a su familiar, llega en domingo de final de mundial a compartir con el ser querido un pollo y unos refrescos, para tratar de mitigar el desespero por haber perdido la libertad.
Don Mario, acepta que el destino les jugó una mala pasada, algo que no esperaba. Al hablar de Miguel Ángel su rostro se llena de alegría; pese a estar recluido, asegura que le inculcó buenos modales, por eso descarta de tajo que su hijo sea un ladrón.
Buscando una explicación que nadie le da, platica con el equipo de Diario de Palenque. Ataja que a su hijo le enseñó el arte de la construcción, como él, Miguel Ángel se dedicaba a la albañilería, trabajo con el que se mantiene la familia; una mala jugada del destino los mantiene alejados, pero espera demostrar la inocencia de su familiar.
Para este padre de familia, quien tolera la inclemencia del tiempo, lo único malo que hizo Miguel Ángel, fue ir a tomarse unos “tragos” al bar La Cañada. El dueño de ese lugar lo acusó de un robo, por lo que fue sacado sin orden de aprehensión de su casa donde ya descansaba.
Los 20 días posteriores han sido una penitencia, ir de oficina en oficina para buscar una respuesta, una esperanza que le devuelva la libertad.
Con tristeza, entre el barullo de los gendarmes que cuidan la puerta, don Mario se aleja, se despide del reportero, perdiéndose entre las grandes bardas de ese lugar; iniciará quizá el proceso más denigrante de visitar un penal, quitarse la ropa para ser revisado.
Se perderá la final del mundial, pero su día tuvo un sentido mejor que simplemente el juego más popular en México: estuvo con Miguel Ángel, su hijo, ese para el que desea la libertad.

Miguel Ángel Parcero Pérez, fue acusado de robo; hasta el día de hoy nadie le da información de su caso.
