Por: Agencia / YST
Aunque su unión fue más una alianza que un romance al estilo de los cuentos, el compromiso entre Maximiliano de Austria y María de Borgoña en 1477 dejó una huella imborrable en la tradición de los compromisos: el anillo de diamantes.
Según el Consejo de la Industria de la Joyería, fue Maximiliano quien marcó este estilo al regalarle a María un anillo engastado con diamantes, un gesto que pronto se volvió la joya más codiciada de la nobleza europea.
Cuenta la leyenda que, mientras buscaba una esposa adecuada, Maximiliano y María comenzaron a intercambiar cartas. María se enamoró de él a través de sus palabras, mientras que Maximiliano, aún sin grandes riquezas debido a los constantes conflictos en Austria, recibía oro y plata de sus aldeanos en sus viajes, lo que le permitió adquirir aquel anillo tan especial para su prometida.
Su matrimonio, más allá del romance, fue un acontecimiento histórico: María, hija de Carlos el Temerario, y Maximiliano, hijo de Federico III, unieron territorios y consolidaron la posición de Maximiliano, quien más tarde se convertiría en Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Desafortunadamente, su felicidad fue breve: María falleció apenas cinco años después, tras una caída de su caballo. Sin embargo, el legado de su amor perdura. El anillo de diamantes que Maximiliano le regaló aún existe y se conserva en el Museo del Tesoro Profano, parte del Museo de Bellas Artes de Viena, recordando a todos que un gesto de amor puede transformar la historia.