Por: AGENCIA / SHD
En el corazón de la zona arqueológica de Palenque se alza una de las estructuras más emblemáticas y enigmáticas del arte maya: la “torre” del Palacio, comúnmente conocida como el Observatorio. Aunque no es una torre en el sentido tradicional, esta construcción de cuatro pisos integrada al conjunto palaciego ha fascinado a arqueólogos e historiadores por su complejidad arquitectónica y su aparente uso astronómico.
Construida durante el gobierno de K’inich Janaab’ Pakal II, la torre se eleva sobre el centro del Palacio de Palenque, y destaca por su ubicación estratégica y su diseño, inusual entre las ciudades mayas. Desde lo alto de sus niveles, se presume que los sacerdotes-astrónomos observaban los movimientos del sol y otros cuerpos celestes, marcando con precisión los cambios de estación y las fechas rituales.
Además de su función astronómica, se cree que también cumplía un papel administrativo y ceremonial, lo que la convierte en un núcleo multifuncional del centro político de Palenque.
La torre ha sido objeto de importantes restauraciones, incluyendo las intervenciones dirigidas por el renombrado arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, quien lideró exploraciones clave en el sitio, como el descubrimiento de la tumba de Pakal el Grande.
Actualmente, el Observatorio puede admirarse desde la Gran Plaza, y forma parte del recorrido principal para quienes visitan esta joya arqueológica de Chiapas. Su presencia no solo revela el conocimiento astronómico y arquitectónico de los antiguos mayas, sino que también sigue inspirando a quienes buscan comprender la grandeza de una civilización que observaba el universo desde la selva.
El Observatorio del Palacio de Palenque sigue en pie, recordándonos que los mayas no solo construyeron monumentos, sino también ideas que trascendieron el tiempo.