sábado 04 de abril de 2026 - Edición Nº535

Mundo | 26 sep 2025

Historia

Descubren secretos de la Pirámide Circular de Cuicuilco

Esta estructura única rompe con la geometría tradicional de las pirámides mesoamericanas y guarda historia más antigua que Teotihuacán


Por: Agencia / YST

Bajo el cielo siempre cambiante del valle de México, en medio del bullicio urbano del sur de la capital, se alza una mole silenciosa que guarda secretos más antiguos que Teotihuacán: la Pirámide Circular de Cuicuilco. A primera vista, su forma sorprende, porque rompe con la geometría habitual de las pirámides mesoamericanas. No es el templo escalonado que imita montañas, ni el vértice que apunta al cielo, sino un gigantesco tambor de piedra volcánica que recuerda a una colina domesticada por el hombre. Tiene alrededor de 120 metros de diámetro y 25 metros de altura, dimensiones que, en su tiempo, hicieron de ella una de las construcciones más monumentales del continente.

El asentamiento de Cuicuilco floreció hace más de dos mil años, en un periodo en que las aldeas agrícolas del valle se transformaban en centros urbanos. La pirámide, construida en sucesivas etapas, fue el corazón ceremonial de una ciudad que llegó a concentrar a decenas de miles de habitantes, un foco cultural que rivalizó con el poder emergente de Teotihuacán. Allí, sacerdotes y líderes comunitarios habrían dirigido rituales vinculados al fuego, la fertilidad y la renovación del cosmos, en un calendario que dependía del sol y del ciclo agrícola. La forma circular no parece casual: estudios arqueológicos sugieren que estaba dedicada a Huehuetéotl, el dios viejo del fuego, deidad que unía los ciclos de la vida con los del tiempo.

Pero la historia de Cuicuilco es también la de una tragedia natural. Hacia el siglo I d.C., el volcán Xitle, que se levanta en la sierra del Ajusco, entró en erupción. Ríos de lava descendieron por la ladera y cubrieron los campos, los caminos y gran parte de la ciudad, sellando en piedra una civilización en su apogeo. Los habitantes huyeron, probablemente hacia el norte, contribuyendo con sus tradiciones y saberes al crecimiento de Teotihuacán, que poco después se consolidó como metrópoli hegemónica de Mesoamérica. Bajo el espesor basáltico, arqueólogos del siglo XX encontraron restos de viviendas, herramientas y cerámica que hablan de un pueblo sorprendentemente sofisticado para su época.

Hoy, la Pirámide Circular de Cuicuilco permanece como una anomalía en el paisaje urbano de la Ciudad de México, rodeada de avenidas, centros comerciales y tráfico incesante. Los visitantes que ascienden sus rampas experimentan un raro contraste: el murmullo de los autos se mezcla con la sensación de estar sobre un altar milenario, mirando desde la misma plataforma donde sacerdotes encendían ofrendas hace dos milenios. No es casual que este sitio sea considerado el primer gran centro ceremonial del altiplano central, precedente directo de la arquitectura monumental mesoamericana.

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