Por: AGENCIA / SHD
El gobierno de Donald Trump enfrenta un complejo panorama en la industria cárnica estadunidense. Pese a sus políticas proteccionistas, el país ha incrementado las importaciones de carne, particularmente desde Argentina.
La decisión se explica, según expertos, por una combinación de factores: los altos aranceles a las importaciones tradicionales, la reducción del número de cabezas de ganado en EU, los elevados precios internos y la necesidad de contener la inflación alimentaria.
Los ganaderos, tradicionalmente aliados del Partido Republicano, denuncian que la administración está traicionando su promesa de fortalecer la producción nacional.
Al mismo tiempo, economistas agrícolas advierten que el incremento de importaciones difícilmente reducirá los precios para el consumidor, debido a que la participación de la carne argentina en el mercado estadunidense es mínima.
En el fondo, la política de aranceles impulsada por Trump desde su primer mandato ha alterado el equilibrio del comercio cárnico.
Los gravámenes del 50 por ciento sobre Brasil —uno de los mayores exportadores de carne— y las restricciones sanitarias impuestas a México por la detección del gusano barrenador han reducido drásticamente el flujo de carne importada.
Para llenar ese vacío, Washington recurre ahora a Buenos Aires, un socio con el que acaba de firmar un acuerdo económico de 20 mil millones de dólares.