Por: AGENCIA / SHD
El ruido constante del tráfico romano acompaña cada día a quienes recorren la vía Ostiense, una de las antiguas arterias que conectaban la capital del Imperio con su puerto marítimo. Durante siglos, miles de personas han transitado por esta zona sin sospechar que, bajo el asfalto y los edificios modernos, se esconde un fragmento olvidado de la Roma antigua. En los márgenes de esta vía se extendía una vasta necrópolis, un paisaje funerario que reflejaba la diversidad social y cultural del mundo romano.
Este nuevo fragmento, que se añade ahora al relato histórico de la ciudad, salió a la luz por casualidad, durante las obras de construcción de un nuevo complejo residencial universitario. Como suele ocurrir en la capital italiana, cualquier intervención en el suelo urbano requiere de controles arqueológicos preventivos. Fue precisamente durante estas labores cuando los arqueólogos detectaron una serie de estructuras inesperadas: paredes, cámaras funerarias y restos arquitectónicos que no figuraban en los mapas arqueológicos conocidos. Se trataba deun sector completamente desconocido de la necrópolis ostiense, con varios edificios funerarios monumentales de época imperial.
En la antigua Roma existía una norma clara: los enterramientos debían situarse fuera del perímetro urbano. Esta regla, establecida en época republicana y mantenida durante siglos, propició la creación de extensos cementerios que se alineaban a lo largo de las grandes vías de salida de la ciudad.
Como sucede en otros cementerios de la Roma antigua, el paisaje funerario combinaba distintos tipos de monumentos. Había tumbas sencillas, pero también complejos funerarios familiares, mausoleos y edificios con una elaborada decoración arquitectónica. Estas estructuras reflejaban tanto la posición social de los difuntos como las tradiciones funerarias de la época.
Las primeras evidencias de la necrópolis romana de Ostiense salieron a la luz ya en el siglo XVIII. A lo largo del siglo XIX y, sobre todo, del XX, varias intervenciones arqueológicas permitieron recuperar varias secciones de un cementerio cuya extensión real aún se desconoce. El hallazgo de un nuevo sector de la necrópolis se produjo en 2026, durante las excavaciones vinculadas a la construcción de un nuevo complejo destinado a residencia universitaria. Como exige la legislación italiana en materia de patrimonio, las obras fueron supervisadas por arqueólogos encargados de documentar la presencia de cualquier resto antiguo.