Por: SD
El siniestro ocurrió la tarde del 20 de abril de 2016, alrededor de las 15:15 horas, cuando una explosión sacudió las instalaciones operadas por la empresa Petroquímica Mexicana de Vinilo. La onda expansiva se sintió a varios kilómetros a la redonda, provocando pánico entre la población y daños en viviendas cercanas.
El saldo oficial fue de al menos 32 trabajadores fallecidos y más de 130 personas lesionadas, además de decenas de desaparecidos en las horas posteriores al accidente.
Las primeras investigaciones apuntaron a una posible fuga de gas en el área de producción de vinilo, la cual habría generado la explosión. Incluso se señaló que la fuga pudo haber persistido durante días sin ser controlada.

La tragedia también provocó la liberación de sustancias químicas peligrosas, formando una nube tóxica que se extendió hasta 10 kilómetros, obligando a evacuar a miles de personas y generando preocupación por efectos a largo plazo en la salud de la población.
A una década del desastre, familiares de las víctimas y organizaciones civiles continúan exigiendo justicia y esclarecimiento total de los hechos. Señalan que persisten dudas sobre las responsabilidades y las condiciones de seguridad en las que operaba la planta.
El caso de Clorados III no solo marcó a la industria petroquímica nacional, sino que dejó una profunda huella en Coatzacoalcos, donde la memoria de los trabajadores que perdieron la vida sigue vigente.
Hoy, a 10 años, la tragedia sigue siendo un recordatorio de los riesgos industriales y de la deuda pendiente con las víctimas.
