Columnas de Opinión
Mundo tlacuache
El juego de los tapados
Por Agustín Ramírez
Desde el mismísimo Plutarco Elías Calles no había en la presidencia de la República un estratega político tan diestro, calculador y acertado, al menos en el juego político, como Andrés Manuel López Obrador.
La sutil diferencia es no solo que esto no es un Maximato, sino una guerra de ideas. Por un lado, tenemos a la Cuarta Transformación, el movimiento ideológico, político y económico que se origina a partir del lopezobradorismo que surgió en el 2006 cuando le arrebataron al tabasqueño las elecciones federales, que se fue haciendo fuerte en el sexenio de Calderón pero que no le alcanzó para enfrentar al PRI y a la maquinaria de Televisa en 2012.
En 2018 llegó al poder no solo un hombre al que se le negó la silla dos veces, sino un jugador astuto que busca la permanencia de una idea que pueda trascender más allá de él y de la cual pueda ser recordado: primero los pobres.
En la practica es muy discutido eso, pero al menos en el discurso la idea atrapa a una parte del electorado y por eso las figuras deben serle fiel al hombre y a la idea. La salida de la ministra Olga Sánchez Cordero no es solo un movimiento de floreros, como muchos manifestaron, ya que la señora logró desempeñar su labor sin problemas, sino que es un movimiento anunciado ante la eventual rotura de alianzas pasadas, de las cuales la contraparte mira al 24 como una nueva oportunidad.
Ricardo Monreal es un estratega político que se queda corto junto a AMLO, pero es astuto. El señor se molestó en el destape del 18 por la candidatura de la CDMX, pero lo calmaron y mandaron al Senado para ser el constructor de los proyectos de reformas y nombramientos claves, como la llegada turbulenta de Rosario Piedra a la CNDH, la extensión de mandato del ministro Arturo Zaldívar y más recientemente la revocación de mandato, pero todo tiene un límite.
El señor espera ser recompensado con algo más grande que la Jefatura de Gobierno de la capital del país, pero incluso entre los más cerrados círculos, hay personalidades que cabalmente cumplen con el requisito de seguir la transformación.
Con ello, Sánchez Cordero en el Senado será el contrapeso idóneo en la cámara alta para tener las aspiraciones en una olla de presión hasta que llegue el momento. Adán Augusto López tiene la experiencia suficiente para ser la mano derecha del presidente, lejos de ser un florero, López Hernández tiene la habilidad de cumplir funciones, operar para cumplir metas del gobierno y de ser fiel a su líder.
Podremos algunos coincidir o no con la idea política del presidente de la República, pero de que Andrés Manuel es todo un astuto estratega, lo es. La comparación con el viejo Elías Calles es debido a que don Plutarco puso cuatro presidentes sin problema: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y Lázaro Cárdenas. Se mantuvo 8 años atrás de la silla presidencial, a parte de los 4 que gobernó. Pero como dije al principio, la diferencia entre AMLO y Elías Calles es que el primero busca dejar plantada una idea y el otro buscó plantarse a el mismo.